En los paisajes más áridos, llanos y desérticos del interior de Fuerteventura habita un animal emblemático que encarna la adaptación biológica llevada al extremo: la Hubara Canaria (Chlamydotis undulata fuertaventurae). Esta subespecie endémica, que ostenta el título de ser la mayor de las aves esteparias que pueblan el archipiélago, ha convertido las llanuras pedregosas y los jables barridos por el viento en su hábitat idóneo, demostrando una resistencia asombrosa a la escasez crónica de agua.
El arte del camuflaje en las llanuras esteparias
La supervivencia de la hubara en un entorno tan expuesto e inhóspito depende por completo de su asombroso diseño evolutivo. Su plumaje posee un patrón de colores ocres, pardos, grises y negros que imita de forma milimétrica las tonalidades de la tierra volcánica y los matorrales secos de la isla. Esta capacidad de camuflaje mimético es tan perfecta que el ave es capaz de desaparecer por completo ante los ojos humanos con tan solo quedarse inmóvil o agachar su cuerpo contra el suelo. Es un auténtico «fantasma» del desierto que solo delata su presencia cuando decide emprender su vuelo bajo y pesado.


La espectacular carrera y danza del cortejo nupcial
Sin duda, el aspecto más fascinante y curioso de este animal es su espectacular ritual de apareamiento, un despliegue conductual que transforma por completo su naturaleza tímida y solitaria entre los meses de diciembre y marzo. Para atraer a las hembras, los machos erizan las largas plumas blancas de su cuello y pecho hasta cubrir casi por completo su cabeza, asemejándose a una llamativa bola de algodón flotante. En esta postura, realizan veloces e incansables carreras en círculos o líneas rectas en zonas despejadas de los llanos. Considerada una joya de la fauna canaria en peligro de extinción, la hubara está protegida con el máximo celo científico, recordándonos la delicada vida que late en los rincones aparentemente más estériles de Fuerteventura.




