Si Fuerteventura tuviera que resumir su historia, su relieve y su dura lucha contra los elementos en un solo sabor, este sería sin duda el del Queso Majorero. Elaborado con la densa y nutritiva leche de la cabra de raza majorera —un animal perfectamente adaptado a la extrema aridez insular—, fue el primer queso de toda Canarias en obtener la prestigiosa Denominación de Origen Protegida (D.O.P.) y el primero de cabra en España en conseguir este sello de calidad. Su singularidad radica en una tradición pastoril milenaria que ha sabido convertir el paisaje semidesértico en una ventaja competitiva inimitable.
La cabra majorera y la huella de la palma en la corteza
El gran secreto detrás de este manjar es su materia prima. La cabra majorera posee una genética privilegiada que le permite producir una leche de extraordinaria calidad grasa y aromática a pesar de alimentarse de pastos secos y plantas xerófilas locales.


El proceso de elaboración sigue fiel a las técnicas heredadas de los antepasados: los maestros queseros moldean la cuajada utilizando la tradicional empleita, que hoy en día se replica en moldes que imitan el característico trenzado de la hoja de palma. Además, para proteger el queso durante su maduración y dotarlo de una personalidad visual única, la corteza exterior se unta meticulosamente con pimentón, aceite de oliva o gofio canario.
Un estandarte premiado en el escaparate internacional
Desde las variedades tiernas y frescas hasta los complejos matices de los quesos semicurados y curados, este producto es un habitual en el podio de los concursos gastronómicos más exigentes del mundo, como los World Cheese Awards. El equilibrio en boca es magistral: ofrece una textura sumamente cremosa, un toque ligeramente picante en los ejemplares con mayor curación y un retrogusto limpio y equilibrado. Adentrarse en los secretos de su producción visitando las queserías tradicionales de la isla o el Museo del Queso Majorero en Antigua es descubrir el verdadero motor económico y cultural de la Fuerteventura rural.



