Hay muy pocos rincones en el planeta que permitan tocar con las propias manos el origen geológico de la Tierra, y las Cuevas de Ajuy son, sin duda, uno de los más espectaculares. Situadas en el litoral del municipio de Pájara, en un encantador y tranquilo pueblo de pescadores de la costa oeste, estas monumentales cavidades naturales esculpidas pacientemente por el empuje del océano albergan las formaciones rocosas más antiguas de todo el archipiélago canario, convirtiéndose en una ventana abierta al pasado profundo del planeta.
El Complejo Basal y el nacimiento del archipiélago
Adentrarse en Ajuy es realizar un viaje en el tiempo de millones de años. En este punto de la geografía majorera aflora a la superficie el denominado Complejo Basal, que son fragmentos de la corteza oceánica y sedimentos marinos profundos que se consolidaron hace más de 100 millones de años.


Estas rocas oscuras y veteadas existían mucho antes de que las propias Islas Canarias emergieran a la superficie debido a las sucesivas erupciones volcánicas. Contemplar estos pliegues pétreos es observar los cimientos ocultos sobre los que se edificó el resto del archipiélago, un hito que atrae de forma constante a geólogos y científicos de todo el mundo.
El sendero costero de dunas fósiles y el pasado pirata
El acceso a las colosales cuevas es en sí mismo un espectáculo natural. Se realiza a través de un sendero acondicionado que bordea acantilados formados por antiguas dunas fósiles petrificadas, playas de arena negra y caprichosas formas de lava basáltica. Al descender al interior de las gigantescas bóvedas, el eco ensordecedor del oleaje rompiendo contra las paredes evoca de inmediato las leyendas de la navegación atlántica. Debido a su morfología oculta y a su condición de bahía resguardada, este recóndito embarcadero sirvió durante los siglos XVI y XVII como un refugio ideal para los piratas y corsarios que asaltaban las rutas comerciales y las poblaciones del interior de la isla.



